13.- Edward Jenner
Usual médico
que se atrevió a arriesgar la vida de un niño de ocho años, al tomar un poco de
supuración de las pústulas de un enfermo de viruela y froto esta muestra en la
piel del muchacho. Pero él tenía la esperanza, de que este niño no sea contagiado,
una esperanza fundamentada.
Demostró que
él sabía cómo prevenir la viruela. Edward Jenner nació en Gloucestershire,
Inglaterra, el 17 de mayo de 1749. A los veinte años comenzó a estudiar medicina,
geología, escribió poesía, tocaba instrumentos musicales, se interesó en el
estudio de las leyes y construyó un globo, sin embargo, rechazo un empleo
realmente apasionante, el de naturalista oficial en el segundo viaje del capitán
Cook a los Mares del Sur, decidió
quedarse en Inglaterra y ejercer la medicina. Vivió muy de cerca la guerra entre
Inglaterra y Francia en 1802.
Un gran
problema médico de aquellos tiempos era la viruela, de cuando en cuando brotaba
una epidemia, y como había muy poca higiene, la enfermedad se propagaba, mucha
gente temía más la horrible desfiguración del rostro que la propia posibilidad
de morir. La viruela no respetaba a nadie. George Washington la contrajo en
1751 y se recuperó, pero en la cara le quedaron permanentemente las huellas de
la enfermedad. El rey Luis XV cayó víctima de ella en 1774 y murió.
En 1718 una
noble inglesa, Lady Mary Wortley Montagu, regresó de un viaje por Turquía e
informó que los turcos tenían el hábito de inocularse deliberadamente con
líquido tomado de casos leves de la enfermedad. La persona inoculada contraía
entonces una forma benigna de viruela, Lady Mary tenía fe en sus observaciones
e inoculó a sus hijos.
A Jenner
empezó a interesarle la viruela lo que llegó a sus oídos fue una vieja superstición
a saber la viruela bovina una enfermedad del ganado que podían contraerla las
personas. La persona que contraía una de ellas
decían los granjeros no contraía la otra. Jenner se preguntó si sería o
no realmente una superstición y comenzó a observar de cerca los animales
domésticos.
Los
caballos padecían una enfermedad, llamada viruela equina. La vaca contraía la
viruela bovina. Pero la gente que, por su profesión, tenía que estar en contacto
con animales domésticos parecía inmunes a la viruela. Jenner llegó a la
conclusión de que la viruela equina y la bovina eran una forma de viruela. Su tesis
era que la enfermedad, al pasar por un animal, se debilitaba en gran medida
El 14 de
mayo de 1796 tenía ya Jenner suficiente confianza en su teoría para aceptar sobre
sí una responsabilidad escalofriante. Buscó primero una vaquera que tuviera la
viruela bovina. Tomó luego un poco de líquido de una pústula de la mano y se lo
inyectó a un niño. Dos meses después volvió a inocular al niño, pero esta vez no
con viruela bovina, sino con viruela de verdad. El niño sorprendentemente no
enfermó.
En 1798 repitió
el experimento con otro paciente y llego a exactamente el mismo resultado.
Ahora ya podía publicar al mundo la manera de derrotar a la viruela.
El número
de muertes por viruela se redujo a un tercio en dieciocho meses
Jenner
murió el 24 de enero de 1823
Jenner había
descubierto una manera, no de curar la enfermedad, sino de prevenirla, y fue el
primero que lo consiguió. El método consistía en utilizar la propia maquinaria
del cuerpo para crear la inmunidad, fundando así la ciencia de la inmunología.
Comentario
Edward
Jenner realmente arriesgo el todo por el todo a sus propios estudios, confiaba
en sí mismo, conocía los riesgos que tomaba al suministrar esas muestra de viruela
a sus pacientes, y más que todo en el
momento oportuno fue paciente, al esperar el tiempo necesario para estar
completamente seguro de lo que sucedería con sus pacientes y los resultados que
ellos presentarían después de ser tomados como portadores de esta enfermedad y
parte de un experimento que para la vista de muchos médicos de la época fue una
barbarie.
Edward
Jenner vio al cuerpo humano desde otro punto de vista, no como un simple
perdedor frente a la viruela, sino lo vio como aquel fabricante de su propia
arma de batalla, Jenner fue capaz de impulsar al cuerpo a fabricar la inmunología
frente a esta enfermedad, y hasta el día de hoy podemos decir que su enseñanza
se transmite, y que su descubrimiento salvo miles de almas.
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