martes, 22 de octubre de 2013


13.- Edward Jenner


Usual médico que se atrevió a arriesgar la vida de un niño de ocho años, al tomar un poco de supuración de las pústulas de un enfermo de viruela y froto esta muestra en la piel del muchacho. Pero él tenía la esperanza, de que este niño no sea contagiado, una esperanza fundamentada.
Demostró que él sabía cómo prevenir la viruela. Edward Jenner nació en Gloucestershire, Inglaterra, el 17 de mayo de 1749. A los veinte años comenzó a estudiar medicina, geología, escribió poesía, tocaba instrumentos musicales, se interesó en el estudio de las leyes y construyó un globo, sin embargo, rechazo un empleo realmente apasionante, el de naturalista oficial en el segundo viaje del capitán Cook a los Mares del Sur,  decidió quedarse en Inglaterra y ejercer la medicina. Vivió muy de cerca la guerra entre Inglaterra y Francia en 1802.
Un gran problema médico de aquellos tiempos era la viruela, de cuando en cuando brotaba una epidemia, y como había muy poca higiene, la enfermedad se propagaba, mucha gente temía más la horrible desfiguración del rostro que la propia posibilidad de morir. La viruela no respetaba a nadie. George Washington la contrajo en 1751 y se recuperó, pero en la cara le quedaron permanentemente las huellas de la enfermedad. El rey Luis XV cayó víctima de ella en 1774 y murió.
En 1718 una noble inglesa, Lady Mary Wortley Montagu, regresó de un viaje por Turquía e informó que los turcos tenían el hábito de inocularse deliberadamente con líquido tomado de casos leves de la enfermedad. La persona inoculada contraía entonces una forma benigna de viruela, Lady Mary tenía fe en sus observaciones e inoculó a sus hijos.
A Jenner empezó a interesarle la viruela lo que llegó a sus oídos fue una vieja superstición a saber la viruela bovina una enfermedad del ganado que podían contraerla las personas. La persona que contraía una de ellas  decían los granjeros no contraía la otra. Jenner se preguntó si sería o no realmente una superstición y comenzó a observar de cerca los animales domésticos.
Los caballos padecían una enfermedad, llamada viruela equina. La vaca contraía la viruela bovina. Pero la gente que, por su profesión, tenía que estar en contacto con animales domésticos parecía inmunes a la viruela. Jenner llegó a la conclusión de que la viruela equina y la bovina eran una forma de viruela. Su tesis era que la enfermedad, al pasar por un animal, se debilitaba en gran medida
El 14 de mayo de 1796 tenía ya Jenner suficiente confianza en su teoría para aceptar sobre sí una responsabilidad escalofriante. Buscó primero una vaquera que tuviera la viruela bovina. Tomó luego un poco de líquido de una pústula de la mano y se lo inyectó a un niño. Dos meses después volvió a inocular al niño, pero esta vez no con viruela bovina, sino con viruela de verdad. El niño sorprendentemente no enfermó.
En 1798 repitió el experimento con otro paciente y llego a exactamente el mismo resultado. Ahora ya podía publicar al mundo la manera de derrotar a la viruela.
El número de muertes por viruela se redujo a un tercio en dieciocho meses
Jenner murió el 24 de enero de 1823
Jenner había descubierto una manera, no de curar la enfermedad, sino de prevenirla, y fue el primero que lo consiguió. El método consistía en utilizar la propia maquinaria del cuerpo para crear la inmunidad, fundando así la ciencia de la inmunología.

Comentario

Edward Jenner realmente arriesgo el todo por el todo a sus propios estudios, confiaba en sí mismo, conocía los riesgos que tomaba al suministrar esas muestra de viruela a sus pacientes,  y más que todo en el momento oportuno fue paciente, al esperar el tiempo necesario para estar completamente seguro de lo que sucedería con sus pacientes y los resultados que ellos presentarían después de ser tomados como portadores de esta enfermedad y parte de un experimento que para la vista de muchos médicos de la época fue una barbarie.
Edward Jenner vio al cuerpo humano desde otro punto de vista, no como un simple perdedor frente a la viruela, sino lo vio como aquel fabricante de su propia arma de batalla, Jenner fue capaz de impulsar al cuerpo a fabricar la inmunología frente a esta enfermedad, y hasta el día de hoy podemos decir que su enseñanza se transmite, y que su descubrimiento salvo miles de almas.


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